lunes, enero 07, 2008

"Contra la estupidez, los mismos dioses luchan en vano"

(Juana de Arco/ Friedrich von Schiller)

Probablemente la principal demostración de estulticia de los seres humanos es nuestra persistente negación de la realidad. Todos nosotros pretendemos que ésta se comporte de acuerdo a nuestras necesidades (necedades) particulares, mientras oponemos nuestro débil pecho a los embates de las circunstancias que no nos dependen.

Estamos viendo en varios países latinoamericanos cómo el Imperio ha organizado un sutil contraataque en distintos frentes, destinado a detener a esta horda de dirigentes y dirigidos que nos hemos atrevido a imaginar que finalmente el siglo XXI nos encontraría unidos, no dominados.

En Bolivia, Evo Morales se ha visto obligado a oficializar el referéndum que posiblemente está destinado a perder estrepitosamente. Ya hemos dicho en otra nota que esto no es obligatoriamente negativo, ya que si bien el presidente boliviano “pone así en peligro su continuidad como presidente, esta jugada que parece arriesgada tiene una lógica profunda: ¿puede gobernarse Bolivia en el actual estado cuasi insurreccional en que se encuentra? Al concluir que no, el Presidente boliviano decide jugar a todo o nada, sabiendo que en determinados momentos históricos es la única movida posible.
Si gana, es obvio que los prefectos que se le oponen perderán, y por lo tanto el gobierno tendrá no sólo un renovado aval del pueblo, sino la seguridad de normalizar el país. Si pierde, habrá evitado lo que se preanuncia como una guerra civil en ciernes o un potencial golpe de Estado sangriento, y podrá volver al llano a seguir trabajando desde las bases sin pagar el costo político del desgobierno, que de todas formas le impediría aplicar su proyecto nacional”.

Pero atención: ya algunos compañeros bolivianos están afirmando que “esto es lo mejor que podía pasar”, ya que “lo habilita a Evo para seguir impulsando el proyecto revolucionario sin las obligaciones que corresponden al presidente del país”.

¿Se habrá escuchado antes en La Paz gansada semejante? Según estos lúcidos compañeros, es preferible perder el poder antes que tener suficiente poder para mantenerlo.

A ver: “la única movida posible”, significa exactamente esto: el enemigo nos está acorralando, y hemos sacado una jugada de la galera para evitar una derrota. Ergo: hemos retrocedido un paso. ¿Se entiende? Nadie discute que es mejor retroceder un paso a que te llenen la cara de dedos, pero de allí a afirmar: ¡Estamos ganando! hay una seria diferencia.

En Ecuador ya han surgido los primeros obstáculos que preveíamos con el objeto de trabar la Asamblea Constituyente. La oposición, -era obvio- ha olvidado sus diferencias tácticas y empuja un proyecto de desestabilización que incluye desabastecimiento, inflación desenfrenada y sondeos falsos ¿Se parece a Venezuela? Pues si. Y tampoco es original; suponemos que Correa no pensaría que eliminar los monopolios o crear un “Ecuador socialista del Siglo XXI” sería soplar y hacer botellas. Pero alguno de sus ministros, -optimista él- ya ha salido a declarar que esto es bueno, porque de esa manera se identificará claramente a “los conspiradores” y el pueblo sabrá a qué atenerse. Claro, esperemos que no llegue el momento del referéndum para aprobar la constituyente y nos llevemos una sorpresita.

¿Y en Colombia? Ninguno de nosotros puede discutir que Uribe es un hijo de perra, pero con este asunto de los rehenes nos hemos pasado de idiotas. Es decir: él nos ha pasado, y los idiotas nos quedamos mirando el aire. Pero lo triste es que mientras tanto insistimos en que no somos idiotas, sino que él es un hijo de perra, cosa que ya sabíamos, y que jugó sucio (ídem), y que no pudimos por ahora (ídem, ídem).

No vale la pena considerar la estupidez de las FARC que ofrecieron lo que no tenían (y no me digan que lo que pasa es que ellos pensaban recuperar al chico, porque una negociación de ese calibre no se ofrece sin todas las cartas en la mano). Quiero reconocer que a mi me pareció una excelente jugada la del canje sin condiciones. La propuse en una nota del 7 de diciembre, pero con Ingrid Betancourt como protagonista:

La única opción lógica (y correcta desde el punto de vista marxista) es arrebatarle la iniciativa al enemigo: las FARC deben liberar YA a Ingrid Betancourt (y sólo a ella) sin ningún canje.(…) Una acción como ésta recibirá inmediato respaldo internacional (puedo garantizarlo), volcará a la opinión pública en su favor, y arrinconará a Álvaro Uribe, quien no tendrá más remedio que avanzar en las negociaciones para el canje humanitario de todos los demás secuestrados y detenidos. Si Uribe se niega quedará en descubierto ante el mundo. Es simple”.

Pero parece que el simple soy yo. Del salto en una pata que me produjo la propuesta de liberación de los tres rehenes, pasé a la incredulidad absoluta cuando el narcopresidente colombiano jugó su carta maestra y nos hizo quedar a todos (Chávez y Kirchner incluidos) como pelotudos.
Aunque, también hay que decirlo, tanto Chávez como Kirchner asumieron esta pelotudez coyuntural con dignidad y mesura y se limitaron a un “no se pudo” humilde y susurrado.
¿Es un retroceso? Si, definitivamente, aunque algunos compañeros colombianos no parecen comprenderlo:

Hoy sabemos que la monstruosa criatura que se conoce como Álvaro Uribe Vélez, secuestró al niño, lo zarandeó como un muñeco, le violó sus derechos de niño, lo usó para evitar la liberación de las dos retenidas, sólo con la malévola intención de sacar dividendo político. Las FARC han actuado correctamente. Tenían ubicado al niño en Bogotá, alejándolo de la peligrosa confrontación bélica, a la espera de un momento adecuado para su entrega. Era lo que esperábamos. Primero el niño, segundo el niño, tercero el niño. Siempre el niño. Y en esto, siempre la verdad. La verdad dicha claramente, sin dilaciones, rápidamente. De frente a todos.

La verdad, muchachos, es que son unos pelotudos. Pero el verdadero problema es que parecen orgullosos de serlo. La explicación pública del papelón en el comunicado de las FARC es para retrasados mentales. Hace agua por donde la lean y no se sostiene en los tiempos: si el niño estaba resguardado y controlado en Bogotá, ¿por qué no lo recuperaron antes del ofrecimiento de canje? ¿Tan resguardado estaba que las FARC no se enteran que Uribe “lo secuestró” hasta que Uribe denuncia que no lo tienen? No jodamos.

Vamos a Venezuela, donde ayer en “Aló presidente” Chávez debió reconocer públicamente que los tiempos hasta el 2013 no le dan para el socialismo y ofreció un pacto con la burguesía nacional. No puedo negar que me gusta más Chávez cuando deja de lado las boludeces del “rojo, rojito” y plantea políticas y estrategias en serio. Golpeado en dos oportunidades consecutivas, Chávez ha tomado –creo- conocimiento de que la Venezuela socialista no depende de su voluntad ni de sus discursos, sino de la conciencia de su pueblo. Conciencia bastante oscilante, si debemos juzgar por los comentarios posteados en los foros venezolanos como “Aporrea” o “Revolución al día”, en los que exceptuando a algunos foristas que saben de lo que hablan, lo demás se reduce a vergonzantes y bastante ingenuas declamaciones supuestamente “socialistas” mezcladas con un seudo anarquismo elemental. Eso si, casi todos los comentarios son firmados “socialismo o muerte”, si bien varios de los firmantes se quejan porque han sido “individualizados” con nombre y apellido por los “escuálidos” y sienten temor a las represalias por el “ostracismo social” que podría significarles. ¿Socialismo o…. qué?
Y se manifiestan totalmente en contra de “pactar con la burguesía” sin comprender que la única salida posible para la Revolución Bolivariana es un Frente Nacional y Popular que declame menos el socialismo y trabaje más por la organización y el poder popular.

¿Me volví reaccionario esta semana? No. Lo que quiero decir es que cuando retrocedemos, retrocedemos. Son inevitables los retrocesos en el avance por la liberación continental. Los enfrentamientos no son lineales, y la política no es matemática. Lo que no es racional es mentirnos a nosotros mismos, en pos de un optimismo triunfalista imbécil. Si hiciéramos todo bien, si fuéramos tan inteligentes, no estaríamos discutiendo estas cosas, porque ya hubiéramos ganado.

Pretender que cada derrota coyuntural es en realidad un triunfo, es estúpido e ineficiente, porque nos impide aprender.

Suponer que si repetimos varias veces “es lo mejor que podía pasar”, la frase se convertirá en verdad, tiene que ver con el pensamiento mágico y la ilusión de que las revoluciones se harán porque “son inevitables”, y no por el sacrificio y la lucha de los pueblos.

Creer que el accionar de los dirigentes, por más honestos y dedicados que sean, puede suplantar el compromiso organizado de la clase trabajadora, es abandonar no sólo nuestra ideología, sino nuestra posibilidad de futuro.


Enrique Gil Ibarra

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