jueves, julio 17, 2008

Pero… ¿Cuándo vamos a aprender?

Sucedió, finalmente, lo que debía suceder, mal que nos pese. Nuevamente el peronismo (no sólo el gobierno, ni el kirchnerismo) fue derrotado en una confrontación político ideológica en la que se confirmaron otra vez las leyes de la politiquería liberal: no gana el más justo, ni el que tiene razón, sino el que más inteligentemente utiliza las armas (herramientas) de que dispone.
Esta nota podría evaluarse como la cómoda posición de un cronista que dicta cátedra sobre lo que se debería haber hecho teniendo en sus manos el diario del lunes (en este caso el del jueves) si no fuera porque, el 16 de junio próximo pasado, quien esto escribe hoy, afirmaba en otra nota (“Carta abierta – la tozudez no da para más-”), que la racionalidad y una correcta evaluación de la realidad que se vivía en el país, debían imponerse por sobre los deseos voluntaristas. Y que, en caso contrario, asistiríamos a una derrota que pondría en grave riesgo las posibilidades de gobernabilidad.
Fundamentábamos esa posición de la siguiente manera, con las frases que colocamos encomilladas en esta nota:

“Una medida económica coyuntural que a muchos nos pareció correcta, ha llevado al pueblo argentino a un nivel de enfrentamiento que logró unir a los sectores conservadores con grupos de izquierda, a reflotar conceptos que creíamos olvidados, a regenerar debates sobre la conveniencia o inconveniencia de la continuidad de un gobierno elegido democráticamente. La tozudez no da para más”.

Desde el primer momento, la posición del gobierno estuvo basada principalmente en el concepto de autoridad gubernamental, olvidando que la esencia del gobierno en una democracia formal no es la imposición, sino la persuasión y la negociación. La única alternativa a este método es la construcción paulatina de poder popular real, apoyado en el conjunto del pueblo organizado detrás de un genuino y coherente Proyecto Nacional. Si esto no se comprende, estaremos confrontando con la poderosa estructura del stablishment pretendiendo utilizar sus mismas concepciones y anticuerpos. Un imposible.
El gobierno despreció la negociación desde un comienzo, tal vez alentado por algunos asesores especializados en obsecuencia -que entonces mencionábamos- e insistió en un error garrafal:

“Se conjugan aquí una errónea información y un desconocimiento del funcionamiento de la economía, se le ha sumado al conflicto un inteligente aprovechamiento por los medios periodísticos de la enorme ineficacia comunicacional por parte del gobierno, y de un discurso opositor que ha utilizado hábilmente el componente emocional del “chacarero indefenso” para favorecer subrepticiamente los intereses de la concentración capitalista y de la entrega de recursos”.

A esa estulticia comunicacional se sumaba, entonces, la incapacidad de trasmitir a la tropa propia (léase ministros, secretarios, diputados, senadores, dirigentes), los argumentos imprescindibles que hubieran podido no sólo insuflarles el convencimiento de lo correcto, sino proporcionarles la base discursiva para llevar ese convencimiento a sus provincias, a sus ámbitos de pertenencia. Por supuesto, esto sólo puede hacerse, reiteramos, cuando existe un Proyecto de país orgánico, coherente y compartido, que ayudara a colocar el debate con el “campo” en su justa medida:

“Es cierto también que la estructura de la “inteligentzia” gubernamental se ha demostrado absolutamente incapaz de controlar el debate, de aportar alternativas contenedoras que lograran acercar a la comunidad algo de tranquilidad y certeza, elaborando un discurso racional, mesurado y coherente que estableciera un “rango” cualitativo táctico a una medida que, por inoperancia e incapacidad de varios funcionarios (incluida la presidenta) se ha transformado en una crisis estratégica de gobernabilidad”.

También se demostró que para llevar adelante un proyecto peronista no es suficiente con declamar intenciones. Es una verdad de Perogrullo que la doctrina peronista (con la que se puede coincidir o no, pero indudablemente constituye una de las bases conceptuales en las que se asienta hoy nuestro país) requiere para su aplicación práctica la comprensión de dos premisas fundamentales: una correcta evaluación de la realidad (la única verdad) y una cuidadosa medición de los tiempos políticos.

Era innegable que esas premisas no se estaban cumpliendo:

“Señora Presidenta: tome conciencia de que esta batalla ya la hemos perdido en la opinión pública. ‘Por ahora’ (como diría el presidente Chávez), la única medida prudente es recoger los heridos, aceptar el costo político que de todas formas ya ha sido pagado, y aprender del error. Persistir sería poner en riesgo no ya una posición económica, sino la supervivencia de su gobierno. Aunque usted no desee verlo, esto es lo que está en juego hoy”.

Frente a esa realidad, que nos parecía indiscutible, sugeríamos en esa nota del 16 de junio, una negociación forzosa para no perder todo:

“Señora Presidenta: la rectificación es necesaria, pero aunque sea dolorosa, no tiene porqué ser indigna ni vergonzante.
Por el contrario, el gobierno debe anunciar que, aún convencido de la corrección de las medidas, acepta retrotraerlas parcialmente dado que está claro que la mayor parte de la sociedad no comparte la justeza de las mismas.
Que las retenciones se retrotraen al mes de marzo, para todos aquellos propietarios cuyos campos no superen las 2.000 hectáreas sembradas.
Que siguen vigentes para los pooles de siembra, y que se analizarán durante este año -en conjunto con las organizaciones agropecuarias y con la adecuada difusión pública- las medidas a implementar a partir del año próximo.
Que el gobierno analizará en este año el restablecimiento de la Junta Nacional de Granos y de la Junta Nacional de Carnes, que supervisen y controlen la política exportadora nacional”.

Pero, desde luego, cuando las decisiones se tiñen de soberbia e intransigencia, dejan de tomarse en cuenta las preguntas primordiales de una lucha política: ¿Cuánto poder tenemos? ¿Cuánto poder tienen ellos? ¿Puedo modificar hoy esa relación de poder?

“En política, subestimar al adversario es un lujo que el peronismo no puede ni debe volver a permitirse”.

Debemos reafirmar que nuestra opinión sigue siendo la misma: era y es correcto aplicar las retenciones. No tenía el gobierno –y esto ya era evidente a principios de junio- poder suficiente para imponerlas tal cual estaban planteadas. Se me dirá que “perdimos sólo por la defección de Cobos”, pero esto es reduccionista: subordinar a la potencial conducta de una persona una estrategia nacional, implica un nivel de improvisación enorme. Llegamos a la decisión de Cobos porque nuestra propia fuerza no alcanzó. Y no alcanzó porque, simplemente, la fuerza del pueblo no alcanzaba. Porque en cinco años no se consideró “necesario” consolidar esa fuerza popular detrás de un proyecto nacional. Se apeló a esa fuerza con “una” medida, no con una idea.

Por no dar un paso atrás, que nos hubiera permitido luego dar dos adelante, perdimos un kilómetro. La próxima semana vendrá la discusión de los tamberos. En un mes, los ganaderos reclamarán. El gobierno está ahora partido en dos, el justicialismo en tres, y se le ha otorgado a la oposición un triunfo total e innecesario.
Deberá reorganizarse urgentemente el gabinete nacional. Deben abandonar el mismo aquellos ministros que se han revelado ineficientes en esta etapa. Pero, principalmente, el gobierno deberá decidir su camino en adelante. El proyecto de país debe ser explicitado claramente, sin tapujos ni medias tintas, porque el pueblo argentino necesita tener la certeza de hacia donde se transita, y la posibilidad de optar cuando el momento llegue.

“Deberemos aprender que el más peligroso hándicap que los gobernantes peronistas han concedido históricamente a la oposición antinacional es la propia complacencia. Que el “bastón de mariscal” peronista no puede comprarse, sino que se porta en préstamo, y que no tiene ningún parecido con el bastoncito que a uno le regalan cuando le ponen la banda presidencial”.

Algún día.

Enrique Gil Ibarra – 17 de julio del 2008

4 Comentarios:

A la/s 11:54 a. m., julio 17, 2008, Anonymous Anónimo dijo...

FIN DE "LA CONSTRUCCIÓN DE PODER"

LA DERROTA DEL KIRCHNERISMO ANTE LA DERECHA.

La clase obrera debe sacar sus conclusiones


El kirchnerismo cayó sin atenuantes frente a la patronal ruralista y a la derecha en la confrontación de actos del martes 15. El resultado revela la completa nulidad del kirchnerismo como referencia popular.

En el Zoológico

"Ya no vinimos por las retenciones", bramó De Angeli, mostrando que la convocatoria de la patronal sojera apunta a un cambio de régimen. Lo destacó, el mismo día, el neoliberal Carlos Rodríguez, del Cema, en Ambito Financiero, al decir que antes que un cambio en las retenciones había que cambiar el sistema político. Días antes, el chacarero emblemático había advertido que el bife de lomo estaba reservado para los que pudieran oblar 80 pesos. En el acto de Palermo no hubo la menor referencia a lo que al día siguiente Mario Cafiero intentaría destacar por enésima vez: el negociado con las retenciones por parte de las cerealeras con la complicidad del gobierno y, por lo que se ve, con la de los propios ruralistas -algo que Cafiero, también por enésima vez, se empeña en ocultar. Apenas se escuchó un susurro de parte de Buzzi a los "entes exportadores" (sic) que "registran sus despachos con retenciones menores". Pero ni Buzzi ni Cafiero plantean la nacionalización del comercio exterior frente a un negociado que deja en segundo plano al de Marsans con Aerolíneas.

Buzzi sí se acordó, en cambio, de los desocupados que "sólo cobran ciento cincuenta pesos", con la innoble intención de seguir sirviéndose de la izquierda campestre como pantalla para la superexplotación del obrero rural, la cual es una de las principales bases para el desarrollo de la "burguesía rural" que Cafiero insiste en reivindicar. Como este desarrollo no tiene lugar a expensas de los terratenientes ni de los fondos financieros, deberá seguir ocurriendo a partir del subsidio de un peso devaluado y de los bolsillos de los consumidores. De cualquier modo, el lamento de Buzzi por los ‘planes sociales' es harto sospechoso, pues cualquiera recuerda que fue la patronal rural la que más los combatió para conseguir mano de obra barata para levantar las cosechas.

Mientras kirchneristas y ruralistas se enfrentan por algunos puntos de las retenciones a la exportación, los gobernadores de uno y de otro bando están aumentando las alícuotas de ingresos brutos y el inmobiliario urbano o, como ocurre en Chaco y Córdoba, alterando el estatuto de las cajas de jubilaciones de las provincias para reducir los haberes de los jubilados.

Las alusiones de Buzzi y las banderas rojas de la izquierda campestre no le quitaron, sin embargo, la última palabra - que le quedó reservada por un acuerdo político- , al procesista Llambías. Al igual que Miguens, aseguró que después del voto en el Senado "la lucha continúa", amparado en el nuevo argumento liberal de que no alcanza la "legitimidad de origen" sino que hace falta la de "gestión", que es la que impulsa la derecha. El escenario para un golpe de estado ya tiene su ‘racionalidad'. Seguirá el acaparamiento de granos (que llega a cincuenta millones de toneladas, todos los rubros incluidos) y se acentuará la especulación cambiaria, como lo asegura, por lo menos, la consultora de J.P. Morgan (Cronista, 16/7). De todos modos, señaló que esperaba ver "unidas a las plazas de Congreso y de Palermo", porque no olvidó que allí estaban los Scioli y los Gioja, y bastante más escondidos los Urtubey y Das Neves. Fue una invitación a la conspiración colectiva.

Mirando hacia atrás

El "campo" logró atraer a Palermo a su base social, la clase media y alta del campo y de la ciudad. El kirchnerismo, en cambio, no pudo llevar al Congreso a la clase obrera del conurbano. Se trata no solamente de una radiografía del kirchnerismo; además, denuncia su incapacidad irrevocable para enfrentar las amenazas que denuncia. Las columnas oficiales, nutridas por los aparatos, sólo cubrieron cinco cuadras hasta poco después de la calle Lima - nunca más de 60.000 personas. El proletariado no tenía ninguna razón para estar presente en el palco de la flexibilización laboral, del tope salarial, de la burocracia sindical y de la represión a las luchas obreras independientes.

Desde el palco de Congreso también se saludó a "las organizaciones sociales", evitando, como en Palermo, la palabra maldita: piqueteros. Pero se trata de las ‘organizaciones' de la prebenda oficial.

En su discurso, el ex Presidente relató la "historia oficial" del lustro pasado, para no señalar las perspectivas porque ello entrañaría plantear una movilización contra el régimen social presente. Presentó como medidas nacionales el rescate económico de los privatizadores Suez (Aguas) o Marsans (Aerolíneas); habló de desendeudamiento, en momentos en que la deuda pública iguala o supera a la del año 2001; defendió la salud de las "cuentas públicas" en el país donde cuatro millones de jubilados no cubren la canasta de pobreza. Tuvo un solo gesto honesto: mencionó el ‘inicio' de un plan de 200.000 viviendas, para no decir que apenas lleva construidas cuatro mil.

El discurso sólo miró "hacia atrás"; no pudo interesar al pueblo en ninguna iniciativa transformadora. No denunció a la patronal sojera, la explotación del peón rural, el envenenamiento del suelo, la expulsión de los campesinos, la evasión y los fraudes contra el fisco por parte de los monopolios cerealeros y el capital agrario. Como Buzzi en Palermo, pataleó contra "los pooles", a sabiendas de que confundía al auditorio, porque este gobierno ha batido los récords de fideicomisos con la patria contratista para evadir al fisco u ocultar negociados o, como en el caso de Enarsa, sustraerla al control público. Reivindicó su "política de alimentos baratos", pero sólo en alusión a los precios internacionales, no al salario de indigencia de cuatro millones de obreros en negro. Un economista K, de los que firman "contra el lock-out patronal", acaba de revelar que "la participación de los asalariados en el ingreso en el año 2007 (28%) es significativamente inferior a la vigente en 2001 (31%), (Eduardo Basualdo, "La distribución del ingreso en la Argentina"). Los alimentos o tarifas más baratas no enriquecieron "la mesa de los argentinos", sólo les facilitó salarios más bajos a los capitalistas industriales y rurales.

Kirchner eligió como orador de semifondo al menemista Scioli, cuyo asesor en materia de seguridad - Juan Carlos Blumberg- se paseaba a esas horas por Palermo. Para mostrar la "cohesión" oficial, Scioli señaló que "no es momento de internas. Ya habrá tiempo en el futuro" (sic, Clarín, 16/7), anotándose así en el mercado de futuros de las conspiraciones políticas.

Crisis política

Kirchner anticipó que "respetará, cualquiera sea, la votación en el Senado". Mintió, incluso a sí mismo: una Presidenta que pone sus decisiones en manos del Congreso y que renuncia al derecho de vetar las leyes con las que no concuerda, actúa como lo hace un primer ministro en un régimen parlamentario. Es decir que está obligado a renunciar o a pedir un voto de confianza; o sea, un plebiscito. Kirchner no puede esquivar una crisis política con una frase. El kirchnerismo cree que puede abordar la crisis política con los métodos del Indek, o sea disimulando la realidad. Desde ya que una votación ajustada será tomada como pretexto por el capital agrario para continuar "la guerra por otros medios". El solo hecho de que el ‘campo' reivindique ahora "el mandato de la calle", la categoría política que el liberalismo más ha repudiado en la historia, demuestra que la crisis no se arregla con eufemismos. En la nueva andanada, se sumarán los lobbys de la aviación, también los petroleros y mineros, que reclaman para sus inversiones el mismo tratamiento que pide De Angeli para el lomo. En la primera fila de esos lobbystas, están los Esquenazi, Cristóbal López, Britos o Taselli, e incluso Zapatero y Marsans, o sea la burguesía nacional kirchnerista y sus aliados.
De cara a esa perspectiva de crisis, la jornada del 15 puso de manifiesto la completa incapacidad del gobierno para desarticular la escalada derechista.

Para el kirchnerismo, "la reconquista de las calles" siempre fue la lucha contra las expresiones que protagonizaron el Argentinazo. Vino a ‘recuperar' el ‘espacio público' y a ‘reivindicar la política', o sea las trenzas. La derecha lo acosó desde el comienzo para que despejara las rutas y las calles de piqueteros y de manifestantes. Hasta las instrucciones para convertir a Buenos Aires en un ‘espacio cultural' alentaban con ello la ‘reconquista' de ‘lo público'. Las demostraciones callejeras del martes, y antes la infinidad de cortes de rutas ‘chacareras' y del ‘transporte', han puesto en evidencia que la burguesía en su conjunto ha fracasado en el propósito de devolver al Estado ‘calidad institucional'.
Hay que sacar las conclusiones. El kirchnerismo no constituye ningún canal para combatir al bloque derechista y a sus conspiraciones golpistas, ni para animar una lucha nacional.

Llamamos a sus seguidores más honestos a la reflexión. En oposición al inmovilismo oficial, planteamos una deliberación política que saque a la clase obrera de su confusión y de su parálisis política, barrio por barrio, en cada lugar de trabajo y de estudio, y a preparar, sobre la base de un trabajo amplio, asambleas populares capaces de desarrollar planes de lucha. Tenemos por delante un panorama contradictorio de características explosivas: una movilización popular dirigida por la derecha, mientras las condiciones nacionales e internacionales del capitalismo se fracturan como el glaciar Perito Moreno.

Marcelo Ramal

 
A la/s 7:26 p. m., julio 17, 2008, Blogger elarboltalado dijo...

La clase Obrera es una ficción, Marcelo Ramal tiene usted razon en todo lo demas, ahora bien, el envalentonamiento de la derecha asusta, y nosotros los obreros seguimos pidiendo que nos pongan la papa en la boca....
No se, estoy tan decepcionado de mis conciudadanos. ojo que ni siquiera la vote a Cristina ni a Kichner, pero me parece que no se trata de una estrategia de nuestra burra oligarquía (desde la decada del 20 que necesita tanques para gobernar).
Me da para correlacionar este tema con la crisis politica en Bolivia, con el sospechoso rescate de la Betancourt.
A quien le molestara que los latinoamericanos empecemos a reclamar lo que es nuestro?
CI A adivinan!!!

 
A la/s 2:56 p. m., julio 20, 2008, Anonymous Anónimo dijo...

I
Buenos Aires, 18 de julio (Télam).

-El vicepresidente del bloque de diputados del Frente para la Victoria, José María Díaz Bancalari, sostuvo hoy que la presidenta Cristina Fernández de Kirchner "reafirmó su decisión de avanzar en la redistribución de la riqueza", durante la reunión que mantuvo ayer con los legisladores oficialistas.
Además, Díaz Bancalari aseguró que respecto a la decisión del vicepresidente Julio Cobos de rechazar el proyecto sobre retenciones móviles, la Presidenta sólo dijo que "no la había acompañado, pero en ningún momento habló de lealtad o de traición".
"Vi una Presidenta absolutamente firme en su decisión de avanzar en sus objetivos de cuando asumió que es la redistribución de la riqueza y no parar de trabajar hasta que no haya un solo pobre", destacó Díaz Bancalari.

II
Comunicado de prensa del Partido Obrero:

"El gobierno transfiere más de 4000 millones de dólares a los fideicomisos, acopiadores y patronales agrarios", declaró Jorge Altamira con relación a la derogación de la resolución 125.
Cuantificó en ese monto la reducción de 12 puntos de las retenciones a la exportación, que resulta del decreto que deroga la 125, luego del voto en el Senado. "Sobre la base, de un stock acumulado de soja de 36 millones de toneladas al 30 de junio pasado".
Para Altamira, "el decreto derogatorio voltea el sistema de retenciones móviles, lo cual marca un enorme retroceso con relación a todos los proyectos alternativos que presentó la oposición en los debates en Diputados y Senado."
"En tal circunstancia, agregó, el levantamiento de la sesión del Senado, por parte del vicepresidente Cobos, luego de su voto de desempate, cuando debían haberse pasado a considerar los proyectos en minoría, resulta altamente sospechoso, porque habilitó con esta irregularidad el retorno a la retención fija del 35%".
"La reimplantación de la alícuota del 35%, sin transición, es funcional a la necesidad del gobierno de controlar el mercado cambio, ya que provocará una avalancha de exportaciones de los granos alcanzados por el decreto".
"La patronal sojera, en especial los mayores pulpos, han obtenido una victoria impensada para ella misma".
Altamira concluyó "que esta enorme de transferencia de ingresos ni siquiera tiene fecha de vencimiento, como las que tenían las compensaciones del proyecto que fuera enviado al Congreso".

III
Así quedamos con la redistribución:
Para "la puta oligarquía" cuatro mil millones de dólares de transferencia; para el trabajador rural, el Estatuto del Peón de Videla.

Hay que organizarse con independencia del gobierno nac & pop y del Estado, por una salida obrera y socialista.

 
A la/s 9:01 p. m., agosto 08, 2008, Blogger mario enrique dijo...

Enrique: Me tomé el atrevimiento de publicar tu post en uno de mis blogs: www.elarchivodemarioabait.blogspot.com
Como compañero te invito a que visites mis otros blogs: www.desdeelmorisco.blogspot.com y www.elportaldetandil.blogspot.com
Un afectuoso saludo peronista, desde Tandil. Pcia de Bs. As. Mario Abait

 

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