sábado, marzo 17, 2012

¿Valió la pena?

En ocasiones, cuando uno termina una tarea o un trabajo específico, se pregunta: ¿valió la pena? ¿Justificó el resultado los esfuerzos realizados? Hace años, Paco Urondo me dijo, refiriéndose a nuestra militancia en la izquierda peronista: “tiene que valer la pena”, y era en ese momento evidente que la frase involucraba ya no la posibilidad, sino la certeza de que pocos de nosotros lograríamos sobrevivir.

Tal vez resulte absurdo preguntarse lo mismo cuando se cumplen 200 años de la vida de un país. Pero ¿pensaría hoy Mariano Moreno que su sospechosa muerte en el mar fue un precio menor por los resultados posteriores?

Quizás hubiera dado French órdenes distintas a aquellos que integraban su grupo revolucionario y a los que proporcionaba las cintas de colores para que pudieran reconocerse entre la multitud de mayo.

Es posible que hubiera cambiado la historia el Virrey Cisneros si se negaba a seguir el consejo de instaurar el libre comercio, antecedente de nuestras relaciones comerciales con Gran Bretaña.

Estos doscientos años –de los cuales muy pocos pueden denominarse seriamente “argentinos”- deberían inducirnos a reflexionar sobre el tipo de Nación que hemos construido. ¿Cuántas veces hemos avanzado un pequeño paso para retroceder tambaleantes y confundidos hasta quedar muy atrás de la línea de inicio?
Y aunque sea un ejercicio vano, al reflexionar sobre estos doscientos años no podemos dejar de utilizar la imaginación, y con el diario no ya del lunes, sino del viernes siguiente, elegir hitos al azar y suponer qué hubiera sucedido si...

....No hubiéramos participado de la Guerra del Paraguay
....Rosas no hubiera perdido la batalla de Caseros
....Sarmiento no hubiera llegado a Presidente de la Nación
....El vicepresidente Julio a. Roca (h) no hubiera firmado con Inglaterra el Pacto Roca – Runciman
....Rawson, Ramírez y Farrell no hubieran hecho su revolución del 43
....Juan Perón no hubiera hecho la primaria en Buenos Aires y se hubiera quedado a vivir en Camarones, Chubut.
....en 1973 hubiera ganado Balbín
....Perón no hubiera muerto en el 74
....Sourrouille no hubiera sido Ministro de Economía de Alfonsín

Y cientos de otros puntos significativos de nuestra historia, lejana o reciente, que signaron nuestro actual destino histórico al día de hoy. Sin duda en nuestra sufrida patria, la mariposa y su sutil efecto han sido resueltamente desplazados por un guanaco febril y desbocado, que desde la época de los caudillos alterna saltos espasmódicos con escupitajos hediondos.

Los 200 años nos encuentran también en una Latinoamérica oscilante, tan fracturada ideológicamente como nuestra Argentina, avizorando caminos posibles que se bloquean o anulan mutuamente y abren sendos futuros irreconciliables.

No se entienda por esto que se propone negociar lo innegociable, o ceder con vergüenza las exigencias de libertad, independencia, justicia, equidad, solidaridad, que por fortuna hemos logrado sostener en el tiempo aunque fuera por necia y utópica terquedad.

Por el contrario, y para evitar que el tricentenario nos encuentre aún desunidos y dominados, sería interesante acelerar la utilización de las herramientas que la globalización –justamente criticada por sus resultados inequitativos- ha puesto en nuestras manos. El fortalecimiento real del UNASUR, la puesta en circulación de la moneda única sudamericana, el lanzamiento del postergado “Banco del Sur”, serían formas más efectivas de festejar este bicentenario que en rigor de verdad no es sólo argentino sino también sudamericano.

Pero quizás no sea justo terminar estas reflexiones con un sabor tan amargo, porque sería correr el riesgo de no ver las oportunidades cuando se presentan, como le pasara menos de un mes antes de la Revolución a Cornelio Saavedra, cuando les decía muy calmo a sus seguidores “Aún no es tiempo; dejen ustedes que las brevas maduren y entonces las comeremos”(1).

Existen algunos indicios –quizás no tan contundentes como nos gustaría- de que las brevas van madurando. Por supuesto que siempre están aquellos que prefieren inundar el suelo de agua esperando que las raíces de la higuera se pudran, pero la Argentina ha demostrado ser un árbol bastante resistente. Debemos concluir que pese a todo, y hasta hoy, valió la pena.


Enrique Gil Ibarra


(1)Crónica Histórica Argentina, Tomo I, pág 145. (1968) Ed. CODEX.

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